¨EL PERMISO¨

EL MUNICIPIO DE TLAXCO, TLAXCALA, donde tiene lugar esta historia, se caracteriza por una vocación eminentemente campirana: en su zona montañosa crecen muchos bosques, que dan trabajo a varios aserraderos. En la parte llana hay ganado lechero tipo Holstein, pero también ahí se dan las principales ganaderías de toros bravos tales como Piedras Negras, Coaxamalucan, Tenexac, entre otras.

También ahí está el corredor industrial Xicotencatl, pero de momento nada tiene que ver con nuestra historia.

Cuentan que hace muchos años, por allá de la década de los 70, había dos compadres de espíritu provinciano y mente despreocupada aunque algo maliciosos, permanentemente calado el sombrero de ala ancha y abrigados con su buen chaleco negro de lana, indicadores ambos de su vocación ganadera.

Por azares del destino, uno de ellos, a quien Llamaremos Sóstenes Zacapoaxtla, llegó a presidente municipal.

Poco despúes de su nombramiento, le fue anunciado que su compadre, Onésimo González, quería verlo.

Sin dilación alguna hicieron pasar a tan augusto personaje.

Luego de los saludos y abrazos de rigor, vino la pregunta obligada:

–¿Y a qué debo el honor de su visita, compadre? ¿En qué le puedo servir?

–Pues mire, compadre, lo que pasa es que tengo que ir en estos días a la Ciudad de México, porque parece que voy a colocar una corrida de mis toros para la Plaza México, pero pues ya ve que por allá la cosa está de la patada, mucha inseguridad, mucho condenado ratero… entonces me quiero llevar un arma, pero pues no puede ser nada más así: necesito que me ayude a conseguir un permiso de portación de armas de fuego, compadre. Esa es mi molestia.

–¿Nada más eso, compadre?

–Nada más. Lo que pasa es que para andar armado aquí, como quiera, porque está uno en casa, como quien dice, pero para ir a México…

–¡Hombre! Haberlo dicho antes. Orita mismo se lo hacemos.

Sin mayores preámbulos, don Sóstenes arrancó una hoja de un cuaderno que por ahí encima estaba y apuntó de su puño y letra:

Tlaxco, Tlax., a tantos de tantos de 1976.

A quien corresponda:

Por medio de la presente, yo, Sóstenes Zacapoaxtla, Presidente Municipal Constitucional de esta localidad y municipio de Tlaxco de Porfirio Díaz, Tlax., autorizo a mi compadre, Onésimo González a que porte un arma de fuego para su defensa y protección.

Releyó atentamente. Satisfecho con su trabajo, lo firmó al calce y le puso el sello de la presidencia municipal.

Extendiendo la hoja, indicó:

–Está usted servido, compadre.

Éste, sorprendido, preguntó:

–¿Y a poco ya con eso, compadre?

–¡Con eso, copadre! Ahí cualquier bronca, que me llamen para que yo les explique…

–¡Gracias, compadre!

A los pocos días el hombre tomó su autobús con rumbo a la capital del país.

Tan pronto descendió del vehículo, el policía de la estación de autobuses echó de ver el bulto que llevaba en la cintura, debajo del chaleco.

–A ver, señor, venga para acá–. Lo llevó aparte –. Enséñeme su permiso para portar armas.

Don Onésimo, muy quitado de la pena, sacó del bolsillo de la camisa el papelito a rayas cuidadosamente doblado en cuatro y se lo extendió al policía.

El oficial, luego de atenta lectura, hizo bolita el importante documento. Al momento que lo arrojaba por encima de su hombro, espetó:

–No, señor, eso no sirve para nada. ¡Entrégueme el arma! Y me va a tener que acompañar a la Delegación.

Y el compadre, bailándole la sonrisa en la cara, respondió:

–Ya decía yo que el permiso de mi compadre era puro balín, por eso nada más me traje la funda…

Y esa fue la historia.

Nota: únicamente la Secretaria de la Defensa Nacional puede extender permisos de portación de armas de fuego.

Por Cesar Vergara

@cvergara9

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